Decimoctavo Día Mis Miserias

 

EL ALMA: A tus pies, oh María, quiero considerar otra vez las miserias de mi nada para apreciar mejor la solemne renuncia que hice en el santo Bautismo. Mi renuncia no fue una concesión, un regalo que le hice a Dios, sino que fue una gran gracia que él me concedió para que mi renuncia de mí misma sea realmente equivalente a mi liberación de todo lo que me rebaja y me deshonra. ¡Con esta renuncia abandoné el fango para la riqueza infinita y me elevé a Jesús para convertirme en un miembro viviente de su cuerpo, yo que era un pobre y maldito átomo!...

¡Oh María, qué bueno ha sido Jesús conmigo y qué poco lo he reconocido y apreciado! ¡Los sacrificios que incluso ahora me pide son realmente solo los grandes beneficios de su amor!

¿Qué soy? ¡Soy una masa de miserias! Dios solo me pide que me deshaga de estas miserias y a mí me parece un acto de generosidad no entregarme a él.

¿Qué soy? Mientras me elevo hacia Dios siento una fuerza en mí que me empuja a los deseos más viles. Dios no me pide nada más que renunciar a esta bajeza.

Me pierdo en tantos castillos en el aire y en torbellino de mis sueños. Dios solo me pide que renuncie a estos sueños vanos y atormentadores para respirar de verdad.

Las satisfacciones de la carne son tan espinosas… cada gratificación es en realidad un abismo en el que caigo, y entonces en el fondo me agito y disfruto. Dios solo me pide que emerja del abismo para vivir en las fragantes alturas de la primavera perene de la vida. ¡Aun así, soy tan desagradecida con el Señor que cada imagen pasajera me hace perder el equilibrio y me alejo más de él, atraída por los espejismos desmañados de este mundo!

Oh María, rompe estas cadenas que todavía me atan a mí misma y al mundo, y, ya que dios considera la renuncia de tantas miserias como un acto de generosidad digno de una recompensa eterna – y porque ella me atrae, hazme generosa con Dios, para que sea menos indigna de tus tantas misericordias.

Señor, mi Dios, recíbeme como un holocausto, aunque soy tan miserable; no tengo nada para darte más que mi miseria, y la quemo en el altar de tu voluntad divina. Sé tú solo mi esperanza y mi vida.

ASPIRACIÓN: Oh María, libérame de la ingratitud y de mis miserias.

PEQUEÑA TAREA: Realiza un acto de ofrenda de ti misma a Dios y acuérdate de renovarlo cada día.

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Decimoctavo Día Mis Miserias

 

EL ALMA: A tus pies, oh María, quiero considerar otra vez las miserias de mi nada para apreciar mejor la solemne renuncia que hice en el santo Bautismo. Mi renuncia no fue una concesión, un regalo que le hice a Dios, sino que fue una gran gracia que él me concedió para que mi renuncia de mí misma sea realmente equivalente a mi liberación de todo lo que me rebaja y me deshonra. ¡Con esta renuncia abandoné el fango para la riqueza infinita y me elevé a Jesús para convertirme en un miembro viviente de su cuerpo, yo que era un pobre y maldito átomo!...

¡Oh María, qué bueno ha sido Jesús conmigo y qué poco lo he reconocido y apreciado! ¡Los sacrificios que incluso ahora me pide son realmente solo los grandes beneficios de su amor!

¿Qué soy? ¡Soy una masa de miserias! Dios solo me pide que me deshaga de estas miserias y a mí me parece un acto de generosidad no entregarme a él.

¿Qué soy? Mientras me elevo hacia Dios siento una fuerza en mí que me empuja a los deseos más viles. Dios no me pide nada más que renunciar a esta bajeza.

Me pierdo en tantos castillos en el aire y en torbellino de mis sueños. Dios solo me pide que renuncie a estos sueños vanos y atormentadores para respirar de verdad.

Las satisfacciones de la carne son tan espinosas… cada gratificación es en realidad un abismo en el que caigo, y entonces en el fondo me agito y disfruto. Dios solo me pide que emerja del abismo para vivir en las fragantes alturas de la primavera perene de la vida. ¡Aun así, soy tan desagradecida con el Señor que cada imagen pasajera me hace perder el equilibrio y me alejo más de él, atraída por los espejismos desmañados de este mundo!

Oh María, rompe estas cadenas que todavía me atan a mí misma y al mundo, y, ya que dios considera la renuncia de tantas miserias como un acto de generosidad digno de una recompensa eterna – y porque ella me atrae, hazme generosa con Dios, para que sea menos indigna de tus tantas misericordias.

Señor, mi Dios, recíbeme como un holocausto, aunque soy tan miserable; no tengo nada para darte más que mi miseria, y la quemo en el altar de tu voluntad divina. Sé tú solo mi esperanza y mi vida.

ASPIRACIÓN: Oh María, libérame de la ingratitud y de mis miserias.

PEQUEÑA TAREA: Realiza un acto de ofrenda de ti misma a Dios y acuérdate de renovarlo cada día.

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Decimoséptimo Día Las Pasiones y la Carne

 

MARÍA: El demonio penetra dentro de ti a través de las pasiones y, si no te niegas, tu batalla contra el demonio es inútil e infructuosa.

Una pasión es un movimiento desordenado de tu ser físico o de tu alma que te hace olvidar el alto fin sobrenatural al que tiendes y te reduce dentro de ti misma.

Es el vivo deseo de alivio, de consuelo lo que buscas en el fango porque fango es lo único que ves a tu alrededor cuando pierdes de vista tu fin último.

Es una reacción a la ley de Dios cuando no ves su belleza y armonía; es una rebelión contra Dios cuando buscas placer, paz y felicidad fuera de él. Algunas veces la poesía engañosa te deslumbra y sueñas alcanzar altos picos de gloria y placer cuando en realidad estás cayendo en el abismo.

Algunas veces no ves nada aparte de esta vida presente y no reconoces que todo es pasajero… entonces te concentras en todo lo de esta tierra, en tu bienestar material y vas buscando el amor engañoso de las criaturas, riquezas, comodidad, alabanzas, placeres, diversiones. El demonio te está esperando en el paso en estos estrechos oscuros y angostos a lo largo de tu camino; te presenta objetos que te atraen; te molesta con imágenes que te agitan y así te atrapa en tus propios lazos para arrastrarte hacia su abismo. ¡No te engañes; combate tus pasiones tan pronto como se manifiestan y rehúye las ocasiones que las hacen  tomar proporciones gigantescas!

Si vives en el mundo y revoloteas como una mariposa sin experiencia alrededor de las llamas, te quemarás. Cierra tus ojos a las visiones distorsionadas de tu naturaleza más baja, tus oídos a las palabras vanas de los hombres, tu corazón a las afecciones vanas de los sentidos. Nutre tu alma de verdad, nútrela en Jesús en el Santísimo Sacramento.

Es en la Verdad eterna y el Amor eterno que las pasiones se ahogan y mueren.

Mientras más conoces a Dios, mientras más vives por la fe, mientras más alzas tu vista hacia lo alto, mientras más sumerges tu corazón en Jesús, sientes menos el peso de tu carne y los engaños de los falsos espejismos de las pasiones. Conversa con Dios porque en él experimentarás la belleza de tu fin último y las atracciones miserables que sientes en ti misma desaparecerán en la nada.

ASPIRACIÓN: Oh María, dame la gracia para buscar a Dios y para profundizar en la belleza de la verdad eterna.

PEQUEÑA TAREA: Prívate por amor a Dios de alguna diversión que te parezca inofensiva. Algunas veces una diversión es como la chispa que enciende el fuego de las pasiones en el corazón.

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Decimoséptimo Día Las Pasiones y la Carne

 

MARÍA: El demonio penetra dentro de ti a través de las pasiones y, si no te niegas, tu batalla contra el demonio es inútil e infructuosa.

Una pasión es un movimiento desordenado de tu ser físico o de tu alma que te hace olvidar el alto fin sobrenatural al que tiendes y te reduce dentro de ti misma.

Es el vivo deseo de alivio, de consuelo lo que buscas en el fango porque fango es lo único que ves a tu alrededor cuando pierdes de vista tu fin último.

Es una reacción a la ley de Dios cuando no ves su belleza y armonía; es una rebelión contra Dios cuando buscas placer, paz y felicidad fuera de él. Algunas veces la poesía engañosa te deslumbra y sueñas alcanzar altos picos de gloria y placer cuando en realidad estás cayendo en el abismo.

Algunas veces no ves nada aparte de esta vida presente y no reconoces que todo es pasajero… entonces te concentras en todo lo de esta tierra, en tu bienestar material y vas buscando el amor engañoso de las criaturas, riquezas, comodidad, alabanzas, placeres, diversiones. El demonio te está esperando en el paso en estos estrechos oscuros y angostos a lo largo de tu camino; te presenta objetos que te atraen; te molesta con imágenes que te agitan y así te atrapa en tus propios lazos para arrastrarte hacia su abismo. ¡No te engañes; combate tus pasiones tan pronto como se manifiestan y rehúye las ocasiones que las hacen  tomar proporciones gigantescas!

Si vives en el mundo y revoloteas como una mariposa sin experiencia alrededor de las llamas, te quemarás. Cierra tus ojos a las visiones distorsionadas de tu naturaleza más baja, tus oídos a las palabras vanas de los hombres, tu corazón a las afecciones vanas de los sentidos. Nutre tu alma de verdad, nútrela en Jesús en el Santísimo Sacramento.

Es en la Verdad eterna y el Amor eterno que las pasiones se ahogan y mueren.

Mientras más conoces a Dios, mientras más vives por la fe, mientras más alzas tu vista hacia lo alto, mientras más sumerges tu corazón en Jesús, sientes menos el peso de tu carne y los engaños de los falsos espejismos de las pasiones. Conversa con Dios porque en él experimentarás la belleza de tu fin último y las atracciones miserables que sientes en ti misma desaparecerán en la nada.

ASPIRACIÓN: Oh María, dame la gracia para buscar a Dios y para profundizar en la belleza de la verdad eterna.

PEQUEÑA TAREA: Prívate por amor a Dios de alguna diversión que te parezca inofensiva. Algunas veces una diversión es como la chispa que enciende el fuego de las pasiones en el corazón.

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Decimosexto Día Renunciando al Demonio

 

EL ALMA: Sé que en el santo Bautismo renuncié al demonio y estoy feliz con esa renuncia. ¡El demonio es tan repulsivo que realmente no me gustaría ser su amiga!...

Aun así tantas veces he sido vencida por sus sugerencias y al pecar lo he preferido a él antes que a Dios mismo. ¡Qué horrible es mi ingratitud y qué repugnante es mi necedad!

¡El demonio es un ser degradado,… es un monstruo, sin orden, sin felicidad, sin vida! En su caída no perdió sus cualidades naturales, ¿pero de qué sirven? También son su mayor tormento.

Un ángel es un espíritu que vive por la verdad y actividades admirables; ahora el demonio vive por mentiras porque está por siempre lejos de la Verdad eterna y esencial; vive sin ninguna actividad real, sino en una agitación fatigosa.

No, no me acercaré a sus susurros, nunca más, y ruego tu soporte sólido, oh María, para vencerlo. Tú eres la conquistadora del demonio; tú aplastas su cabeza. Tú has sido elevada como la estrella de la mañana del mundo y tu inmaculada Concepción representó el triunfo más espléndido sobre el demonio. ¡Ensancha tu manto, oh María, recíbeme, defiéndeme de las trampas del demonio! ¡Tú eres la completamente pura, la completamente hermosa, la completamente amable,… tú eres mi madre!

Desafortunadamente tantas veces, me he vuelto la esclava del demonio y por esta razón ahora temo mi debilidad.

Reina de los ángeles, protégeme, aleja de mí el espectro de la maldad, los engaños de mis sentidos, las atracciones de orgullo, los impulsos de mi naturaleza corrupta.

Apártate de mí, Satanás, alimento de muerte, apártate de mí. ¡Te lo ordeno en nombre de María Inmaculada, que triunfantemente aplastó tu poder momentáneo y desastroso! Apártate de mí porque ya pertenezco a mi Dios y he sido purificada por su misericordia. ¡Apártate de mí; te lo ordeno en nombre de Jesús que te conquistó con su Sangre! ¡En esta Sangre divina he encontrado vida de nuevo y ya no tendrás dominio sobre mí!

ASPIRACIÓN: Tú eres completamente hermosa, Oh María, y no hay mancha en ti; tú eres mi madre.

PEQUEÑA TAREA: Cuando seas tentada, haz la señal de la Cruz e invoca los nombres de Jesús y María.

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