Huella Mariana de vida franciscana

on Posted in Nuestra forma de vida. Hits: 4165

La "Huella Mariana de la vida franciscana", todas inspiradas en el Voto Marian hace unidad con la primera regla de San Francisco de Asís, que expresa la dimensión mariana de acuerdo con las enseñanzas y el ejemplo de san Maximiliano María Kolbe, y es norma fundamental de vida de cada Casa Mariana y de cada miembro de los "Frailes Franciscanos de la Inmaculada".

 

En la "Regla" y "Huella" se basan las Constituciones del Instituto, que se desarrollan en forma orgánica la vida franciscana "a la luz de la Inmaculada", como decía y quería San Maximiliano María Kolbe.

¿Por qué San Maximiliano Maria Kolbe deseaba la vida franciscana "a la luz de la Inmaculada Concepción"? La respuesta es simple y brillante: porque sólo en la Inmaculada la vida franciscana toca la cima de su perfección y hace llegar a la máxima conformidad a Jesús, que es toda nuestra santidad (cf. Rom 8:29).

La "Llena de gracia" (Lc 1,28), la "Madre de Jesús" y nuestra Madre (cf. Jn 19,25-27), la "mujer vestida de sol» (Ap 12,1) es la vía real de la santificación, es el arquetipo de la Iglesia y de todos los miembros de la Iglesia "sin mancha ni arruga" (Ef 5:27).

Transformados por Ella y en Ella, "icono" sublime del Verbo Encarnado, Esposa del Espíritu Santo, estamos llamados, con el Voto Mariano, a traer la mayor gloria de Dios Uno y Trino, que nos hizo "santos y sin mancha delante de Él en la caridad" (Efesios 1:04).

Recordando a Santa Maria de los Ángeles, que fue la primera Casa Mariana y "cuna" de la Orden Seráfica, podemos entender fácilmente el valor de esta "Huella", que venimos a Ella y que quiere hacer de toda nuestra casa religiosa un pequeño o gran "Santa María de los Ángeles", un pequeño o grande "Niepokalanow" (es decir, "la propiedad de la Inmaculada"), para llevar a cabo la "Misión de la Inmaculada Mediadora" hasta el fin del mundo.

El Seráfico Padre San Francisco y San Maximiliano María Kolbe nos ayudan a poner en práctica, con la constante fidelidad a la "Huella", el ideal sublime de la vida evangélica, al servicio de la Reina y Madre Inmaculada, a ser consagrados totalmente a Ella con el Voto Mariano, por la mayor gloria de Dios y para la salvación universal de las almas.

La fidelidad a esta "Huella", esta vida franciscana vivida en la luz y en la presencia de la Inmaculada, nos dará cuenta de la "consagración religiosa según el modelo de la consagración de la misma Madre de Dios", como dice el Papa Juan Pablo II en "Redemptionis donum"(n. 17), nos asegurará en todo momento y en todo lugar la fecundidad de una rica vida religiosa de la virtud y obras, la irradiación de la fertilidad de la Inmaculada Mediadora de todas las gracias.