Homilía

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IV DOMINGO DE PASCUA

11 de Mayo 2014
Ciclo A

GoodShepherd4 sm

 Ave Maria!

Hace unos días me ocurrió leer una breve historia de una pequeña niña que fue acercado por un desconocido. El desconocido le pidió que viniese con él porque le había pasado algo y su madre le había enviado a buscarla. Así que la pobre niña le preguntó al desconocido la contraseña! Mientras que el desconocido era confundido acerca de la contraseña, la niña logró huir de él. Ella y su mamá se había acordado una contraseña en caso de que alguna vez tuvo que enviar a alguien a buscarla.

¿Cuanto a nosotros, consideramos a Jesús un desconocido que nos llama a ser sus discípulos? ¿Necesitamos de tal "contraseña" para verificar que Él es nuestro Señor y nuestro Dios? Jesús no para amarte y estar cerca de ti. Él te conoce muy bien más que tú. Él conoce a cada uno de nosotros personalmente. Per eso Él nos llama siempre a seguirle. Porque Él es “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Él nos invita hoy a ser como las ovejas que siguen la voz del Buen Pastor. ¿Saben lo que es la voz de Dios? Él nos llama a ser santos. “Por tanto, sean ustedes perfectos como su Padre celestial es perfecto” (Mateo 5:48). Cada uno de nosotros tiene una y la misma vocación como San Pablo recordó a los Tesalonicenses: “Porque ésta es la voluntad de Dios: su santificación” (1 Tes 4:2-3 ). Cada cristiano está llamado a la santidad, lo que significa que estamos llamados a seguir a Cristo para que un día podamos estar con Él en el Cielo por la eternidad. Y Santiago nos ha advertido que “desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, reciban ustedes con humildad (mansedumbre) la palabra implantada, que es poderosa para salvar sus almas” (Santiago 1:21).

Por otra parte, la Santa Madre Iglesia nos enseña que “el Divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que El es iniciador y consumador... Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron. Pero como todos caemos en muchas faltas (cf. St 3,2), continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los días debemos orar: «Perdónanos nuestras deudas" (Lumen Gentium, 40).

Jesús habla de sí mismo como el Buen Pastor, y considera a la Iglesia su redil en el que “cualquier persona que entra a través de él será salvo: y entrará y saldrá y hallará pasto” (Juan 10:9). En este cuarto domingo de Pascua, se celebra la fiesta del Buen Pastor y de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Sabemos muy bien que cuando se trata de la “llamada de Dios” no estamos hablando sólo de sacerdotes y religiosos. La vocación significa que Dios llama, es una llamada a seguir. Se tratta de encontrar la manera de santificarse en su propia vocación de vida; que sea un casado o un religioso o una sacerdote o uno que quiere permanecer soltero, puro y casto toda su vida para dedicarse a la mayor gloria de Dios. Vamos, entonces, huir de los peligros reales y extraños malévolos que amenazan nuestro viaje hacia la santidad: las malas compañías, las pasiones desordenadas y malos deseos. Y no prestamos atención a la voz de muchos que piensan que ha llegado el momento de vivir de ser independiente, de estar libres de cualquier religión, así engañan a sí mismos de considerarse libres e independientes. Como las ovejas que no tienen pastor están condenados a la destrucción, y más aún una humanidad sin Dios que guía y protege está destinado a caer y sucumbir a la ferocidad del diablo. No necesitamos una CONTRASEÑA para verificar las palabras de Dios, sino que es absolutamente necesaria la PALABRA para pasar el juicio de Dios.

Que la Virgen Maria interceda por nosotros y nos ayude a ser más atentos a la llamada de Dios que nos llevará a nuestra santificación para la mayor gloria de Dios, ahora y por siempre. Amén.

 

Sean alabados Jesús y María
¡Sean siempre alabados!.