Séptimo Día Dios

MARÍA: Si debes tener confianza en Dios y esconderte solo en él, es necesario meditar sobre él. Su infinita grandeza puede oprimirte, incluso cuando debe ser el más hermoso sujeto de tu confianza.

¿Qué es Dios? Él es el más puro y más perfecto espíritu, el Creador y Maestro de todas las cosas.

Él es un espíritu; por lo tanto, siendo infinito, lo abarca todo, lo entiende todo, sin ni siquiera tener que trabajar mínimamente o esforzarse para abarcarlo todo. Nada escapa de la ternura de su providencia: se preocupa por el átomo como por el gigante, perdona el mal, exalta la virtud; ¡él ama, ama y es infinitamente bueno! Es tanta su infinita bondad que no desprecia a ninguna criatura. Las ama a todas como un padre; las contempla a todas con compasión, las protege, las acoge, las favorece… ¿Y si se preocupa con tanto amor por todas las criaturas, cuánto más se preocupa por ti, hecha a su imagen y semejanza? ¡Tú lo ves como el gran Dios, y sin embargo no hay un momento en el que él no se incline hacia ti, tu incluso vives, te mueves y eres en él!

“¡Qué amoroso eres, oh Dios mío! ¡Incluso yo soy tu criatura … me amaste incluso antes de los tiempos … yo no era nada y tu bondad ya me estaba elevando en tus designios eternos! ¡Del beso de tu corazón salí pura e inmaculada … de tu misericordia gané la fuerza para conquistar al enemigo infernal … yo soy María porque tú eres el Dios de la infinita bondad! ¡Si tú no fueras Dios, no me hubieras elevado con tanta bondad y misericordia!”

¡Tu madre, hija mía, es para ti la prueba viviente de esa grandeza divina que es infinita, sí, pero es también el refugio amoroso para las criaturas más pequeñas! Escóndete, entonces, en el corazón de tu Dios … no te preocupes por las pequeñas cosas de este mundo. ¡AMA A DIOS!

EL ALMA: ¿Cómo puedes desear que no experimente una sensación de desconcierto ante un Dios tan hermoso, tan bendito, tan bueno, al cual he ofendido tan a menudo? Obtén para mí, entonces, el perdón de mis muchas faltas y muéstrame esa misma misericordia, tú que eres la madre de la misericordia. En tus manos encomiendo mi espíritu; arrópame; preséntame a Dios porque solo contigo mi confianza se vuelve grandiosa, a pesar de mis muchos pecados.

ASPIRACIÓN: Oh Dios mío, te agradezco por haberme creado y por estar siempre cerca de mí.

PEQUEÑA TAREA: Piensa a menudo durante el día en la gran bienaventuranza de tu alma al vivir bajo la mirada de Dios y ofrécele a él un acto de amor.

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