Decimocuarto Día El Espíritu del Mundo

 

MARÍA: Vives en el mundo y no puedes retraerte de él materialmente, pero debes estar allí sin vivir en su espíritu. ¡Qué torbellino turbulento que es el mundo! Vive del egoísmo porque vive con una fijación por el placer. Ningún ideal lo eleva más allá de lo material e incluso cuando parece tener un ideal, solo se busca a sí mismo en vanagloria y aplausos, en otras palabras en la satisfacción sensorial de una pasión. De allí nace la duplicidad, el fraude, las mentiras, la injusticia, el alardeo, el orgullo, la impureza… ¡Por eso el mundo es como un mar durante una tormenta, que no conoce la paz; aquel que cae en este mar siente todo el frío de sus olas y es golpeado de un lado a otro por su movimiento arremolinado hasta que se golpea contra los arrecifes del pecado!

¡Todo en el mundo es cruel y está lleno de angustia; todo degrada al hombre y lo vuelve un esclavo, secando en él la vida más hermosa que es la vida del alma: las modas, el maquillaje, la vanidad, los caprichos, los entretenimientos son espinas que pinchan y miserias que degradan! Aquí está aquel a quien renunciaste en el Bautismo. ¿No te parece una gran gracia pisotear toda la podredumbre del mundo y ser propulsada hacia la simplicidad y la paz que conducen a Dios?

¡No es un sacrificio para ti renunciar al mundo, sino una alegría!

Para renunciar al mundo no tienes que encerrarte en una ermita, solo debes ser verdaderamente cristiana y vivir como la rama unida a la vid, en la intimidad de unión con Jesucristo, a quien has sido incorporada por el santo Bautismo.

Mira el glorioso ejército de los santos, es decir aquellos que han renunciado al mundo. Los encontrarás en todas las condiciones: hay esposas fieles, madres honradas, vírgenes inocentes, jóvenes que vivieron en la fresca inocencia de su edad; están los pequeños, los humildes y también los reyes y los grandes. Mira la gloria con la que están revestidos…

¡Al mismo tiempo, mira desde lo alto al mundo con sus mentiras, sus engaños, sus formas de esclavitud, sus complicaciones, sus conflictos y considera cómo es para ti un gran bien y una cosa noble renunciar al mundo y adherirte a la verdad y a Dios!... Esta renuncia no es un sacrificio para ti; es una gracia.

ASPIRACIÓN: Oh Jesús, concede que viva en ti y que escape de los engaños del mundo.

PEQUEÑA TAREA: Si encuentras alguna atadura en tu vida con las tonterías del mundo, con sus modas, con sus vanidades, rómpela inmediatamente y energéticamente como indigna de ti que eres cristiana.

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