Decimoquinto Día El Espíritu de Jesucristo

 

MARÍA: Opuesto al espíritu del mundo, que es una masa de duplicidad, resentimiento, conflictos, presunciones y degradación, es el espíritu de Jesucristo, que es el camino, la verdad y la vida. Escucha su palabra: “Aprende de mí que soy dócil y humilde de corazón… Bienaventurados los pobres de espíritu, bienaventurados los que sufren porque serán consolados, bienaventurados los que sufren persecución en nombre de la justicia…”

Estas son palabras que parecen audaces y sin embargo en ellas se esconde el gran secreto de la felicidad y de la paz.

¿De qué sirve tener muchas riquezas, si siempre te dejan infeliz, más aun, si te causan la inquietud de siempre querer más? Mucho más excelente es renunciar a todo lo que es inútil y superfluo y descansar en el deseo de poseer a Dios.

¿De qué sirve dominar a otros con la impetuosidad de tu carácter? En realidad no dominas sino que te conviertes en el objeto y el objetivo de miles de batallas que amargan el alma. Mucho más excelente es la humildad y la docilidad que te dan la posesión de los corazones de los hombres.

¿De qué sirve reírse y divertirse en la tierra si la risa se convierte en lágrimas amargas? La calma y el sufrimiento resignado, por otro lado te dan libertad para los impulsos del espíritu, y así, incluso mientras lloras eres consolada. ¡Permaneces verdaderamente consolada porque te sientes como una peregrina en la tierra; te separas de lo que te oprime y experiencias mucho más a Dios!

¿De qué sirven los placeres de los sentidos? Cada placer se transforma en una espina y te sientes arrojada en la oscuridad angustiosa del remordimiento… ¡Mucho más excelente es la pureza que te trae paz y te permite ver con una visión clara la inmensidad de Dios!

Cree en tu Madre Bendita, que más que todas las demás criaturas vivió en el espíritu de Jesucristo; no hay nada más hermoso, más elevado, más agradable que vivir en él. Por eso renuncia a tus caprichos, tus resentimientos, tus deseos desordenados. ¡Mira todas las cosas en Dios y vive glorificándolo, aspirando a tu único objetivo que es la patria celestial!

ASPIRACIÓN: Oh Jesús, dócil y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo.

PEQUEÑA TAREA: Cuando te des cuenta de que te falta docilidad, realiza un pequeño servicio por la persona a quien has ofendido.

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