Decimosexto Día Renunciando al Demonio

 

EL ALMA: Sé que en el santo Bautismo renuncié al demonio y estoy feliz con esa renuncia. ¡El demonio es tan repulsivo que realmente no me gustaría ser su amiga!...

Aun así tantas veces he sido vencida por sus sugerencias y al pecar lo he preferido a él antes que a Dios mismo. ¡Qué horrible es mi ingratitud y qué repugnante es mi necedad!

¡El demonio es un ser degradado,… es un monstruo, sin orden, sin felicidad, sin vida! En su caída no perdió sus cualidades naturales, ¿pero de qué sirven? También son su mayor tormento.

Un ángel es un espíritu que vive por la verdad y actividades admirables; ahora el demonio vive por mentiras porque está por siempre lejos de la Verdad eterna y esencial; vive sin ninguna actividad real, sino en una agitación fatigosa.

No, no me acercaré a sus susurros, nunca más, y ruego tu soporte sólido, oh María, para vencerlo. Tú eres la conquistadora del demonio; tú aplastas su cabeza. Tú has sido elevada como la estrella de la mañana del mundo y tu inmaculada Concepción representó el triunfo más espléndido sobre el demonio. ¡Ensancha tu manto, oh María, recíbeme, defiéndeme de las trampas del demonio! ¡Tú eres la completamente pura, la completamente hermosa, la completamente amable,… tú eres mi madre!

Desafortunadamente tantas veces, me he vuelto la esclava del demonio y por esta razón ahora temo mi debilidad.

Reina de los ángeles, protégeme, aleja de mí el espectro de la maldad, los engaños de mis sentidos, las atracciones de orgullo, los impulsos de mi naturaleza corrupta.

Apártate de mí, Satanás, alimento de muerte, apártate de mí. ¡Te lo ordeno en nombre de María Inmaculada, que triunfantemente aplastó tu poder momentáneo y desastroso! Apártate de mí porque ya pertenezco a mi Dios y he sido purificada por su misericordia. ¡Apártate de mí; te lo ordeno en nombre de Jesús que te conquistó con su Sangre! ¡En esta Sangre divina he encontrado vida de nuevo y ya no tendrás dominio sobre mí!

ASPIRACIÓN: Tú eres completamente hermosa, Oh María, y no hay mancha en ti; tú eres mi madre.

PEQUEÑA TAREA: Cuando seas tentada, haz la señal de la Cruz e invoca los nombres de Jesús y María.

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